Miembro de la familia de las coles (repollo), la coliflor tiene una cabeza de floretes blancos, firmes, muy compactos y tallos gruesos. Aunque toda la planta es comestible, generalmente lo que se come son los floretes. Las hojas verdes exteriores protegen a la planta en crecimiento de la luz del sol brillante, asegurando así su color blanco. La gran mayoría de las coliflores que se comen en EE. UU. se cultivan en California y su temporada alta es de fines de otoño a la primavera.
El sabor a col de la coliflor pierde su intensidad al cocinarla y combina bien con queso y otros vegetales, como zanahorias y ejotes (habichuelas tiernas). La cabeza entera o los floretes se pueden cocinar al vapor, hervir, hornear o sofreír. Los floretes se pueden escaldar para servirlos con “dips”. Esta versátil verdura puede ser la protagonista de un platillo de acompañamiento o tener un papel secundario en ensaladas, platillos de pasta y salteados.